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El blog del Español a través del Arte

Johannes Vermeer van Delft

Vermeer nació en Delft, Holanda, probablemente en 1632, y falleció también en Delft en 1675. Es un maestro de la luz y todos lo conocemos por los delicados y misteriosos personajes femeninos de sus espacios interiores (como La lechera o La joven de la perla), pero he de confesar que mi obra favorita de este pintor es Vista de Delft.

Vista de Delft, 1660. Óleo sobre lienzo, 98,5×118,5cm.
Museo Mauritshuis de La Haya.
Dominio Público: http://www.mauritshuis.nl

Este paisaje siempre me ha hecho pensar en “la calma antes de la tempestad”, pues me da la impresión de que todo está en silencio, y las aguas están quietas, como se adivina por el reflejo de las casas y los barcos, estáticos, en el canal de Rotterdam. Pero esa calma es pasajera, porque el cielo se está llenando de nubes y parece que vaya a romper a llover de un momento a otro.

La composición se puede organizar en tres bandas horizontales, ligeramente inclinadas: la tierra del primer término, el agua con las casas del centro, y el cielo azul amenazado por los densos nubarrones que se acercan por la parte superior.

Cuando vemos este cuadro en clase, las reacciones siempre son dos: o emociona o aburre. Así de categóricamente. Normalmente, los alumnos más enérgicos lo describen como “aburrido”, “no pasa nada”, “no va a pasar nada”, “no hay ninguna historia ni mensaje ahí”; los alumnos más tranquilos suelen quedarse un rato mirando la obra, y siempre terminan por imaginar alguna historia relacionada con las personas diminutas de la parte inferior izquierda.

Dice Alain de Botton que, cuando miramos una obra de arte, buscamos un equilibrio que compense o complemente nuestra personalidad. A los alumnos más enérgicos les molesta que “no vaya a pasar nada ahí”, buscan acción y no la encuentran. Los alumnos tranquilos, que no suelen hablar mucho, se fijan en las pequeñas cosas y los detalles sutiles.

Y es precisamente ese “equilibrio” (rebalance para Alain de Botton) lo que buscamos en clase.

¿Qué hacemos con este cuadro en clase?

  1. Buscamos una estructura en la composición: ¿hay realmente tres bandas horizontales? ¿O cuatro? ¿Hay más? ¿Menos? ¿Cómo podemos organizar los elementos que aparecen en el cuadro: color, tamaño, campo semántico?
  2. Es un paisaje pero hay casas y personas. ¿Qué están haciendo esas personas? ¿Están hablando? ¿Trabajando? ¿Pasando el tiempo? Si consideramos que están divididas en grupos: ¿cuántos grupos puedes distinguir? ¿Dos? ¿Tres? ¿Qué diferencia a cada grupo?
  3. Los colores. ¿Qué colores te llaman más la atención? ¿Crees que predomina alguno sobre otro? Comparamos este cuadro con los interiores de Vermeer (La pesadora de perlas, La lechera, La joven de la perla, La muchacha leyendo una carta…): ¿podemos ver alguna relación entre los colores de estas pinturas? ¿Significa algo esa combinación de colores, sobre todo cuando los lleva un personaje femenino? 
  4. Las luces y las sombras. ¿Hay algunos elementos del cuadro con más luz? ¿Qué elementos destacan más, desde tu punto de vista?
  5. Deberes: “Nunca pasa nada ahí en esa ciudad…” ¿Seguro? A veces, las cosas más inesperadas pasan en los lugares más tranquilos. Una tormenta se avecina. Le damos nombre y un pasado a los personajes que aparecen en la parte inferior izquierda y repartimos las identidades entre los alumnos como un juego de rol. Algo muy raro y muy malo va a pasar durante la tormenta… Creamos la historia entre todos.

Me encanta la puesta en común de este ejercicio, ¡los alumnos escriben unas historias magníficas sobre este cuadro! A veces las imprimimos y las colgamos por la clase, y otras veces las llegamos a representar a final de curso. Sí, me encanta esta clase y el trabajo que hacen mis alumnos: tengo mucha suerte de poder trabajar con ellos.

 

Fuentes:

Schütz, Karl: Vermeer: The Complete Works, 2015. Madrid: Taschen.

Botton, Alain de: Art as Therapy, 2013. New York: Phaidon.

Mondrian: Trafalgar Square y Broadway Boogie Woogie

Pieter Cornelis Mondriaan nació en Holanda en 1872. En 1911 se mudó a París, y pasó el período de entreguerras a caballo entre Amersfoot, París y Londres, y fue en esos años cuando se convirtió en uno de los artistas pioneros del movimiento De Stijl: una forma de abstracción basada en líneas rectas, planos rectangulares y colores primarios (rojo, azul y amarillo), que pretendía crear una armonía visual y proporcionar orden y equilibrio a la vida. En 1940, finalmente, cruzó el océano y se estableció en Nueva York.

En los años que pasó en Londres, poco antes de trasladarse a Nueva York, Mondrian pintó una serie de cuadros con los nombres de los lugares que le daban refugio durante la Segunda Guerra Mundial.

Trafalgar Square. 1939-43. Óleo sobre lienzo, 145,2x120cm. MoMA.
(C) Public Domain: https://www.wikiart.org/en/piet-mondrian/trafalgar-square-1943

La fecha “1939-43” sugiere que el autor retocó el cuadro tras su viaje a Nueva York, donde pintó el grupo de obras que se han dado en llamar “los cuadros transatlánticos”. En estos cuadros, Mondrian rompe el equilibrio al que había llegado en su Neo-Plasticismo  Él mismo describía este movimiento en términos de “reposo” y “equilibrio”: no hay interacción entre los colores y se eliminan los efectos ópticos, de modo que el resultado es un grupo de elementos básicos, secciones de colores primarios que contrastan con secciones “sin color” (grises, blancas, negras), y todo el lienzo se estructura en líneas verticales en oposición a líneas horizontales.

En Trafalgar Square, las líneas verticales de la izquierda crean una vibración, un efecto óptico, no están a la misma distancia y rompen el equilibrio. De mismo modo, las líneas verticales de la derecha alternan diferentes colores y grosores, creando una especie de escalera visual.

Esta ruptura de equilibrio la vemos también en Broadway Boogie-Woogie.

Broadway Boogie-Woogie. 1942-43. Óleo sobre lienzo, 127x127cm. MoMA.
(C) Public Domain: https://www.wikiart.org/en/piet-mondrian/broadway-boogie-woogie-1943

En Broadway Boogie-Woogie, Mondrian elimina por completo las líneas negras y reduce el tamaño de los cuadros de color. La composición sincopada de esta obra responde quizá a una visión simbólica de la ciudad Nueva York, con sus calles llenas de gente y de tráfico, y ruido de coches y música de jazz de fondo. Es como un mapa… pero con vida. Es una expresión de la unión entre el Neo-Plasticismo y la cultura de la metrópolis.

¿Y qué hacemos en clase con esto después de aprender la teoría?

  1. Contamos las líneas y los sectores de color de las dos obras, Trafalgar Square y Broadway Boogie Woogie. Los comparamos con otros cuadros, estableciendo estructuras y paralelismos entre “cuadros neo-plásticos” y “cuadros transatlánticos”. ¿Resultados? Interesantísimos… sobre todo las interpretaciones y conclusiones de los alumnos… ¿Quieres conocerlos? Vente a clase :-).
  2. Sonidos: ¿Música? ¿Ruido? Buscamos ruido de fondo y música de jazz para acompañar la visualización de Broadway Boogie Woogie. Investigamos si existe algo llamado, de hecho, “boogie woogie”. ¿Cómo suena? ¿Se baila? Lo intentamos. Nos encanta. Se nos olvida el cuadro. Volvemos a él y lo usamos como mapa de pasos de baile, asociando los colores a movimientos, diferenciando entre fríos y cálidos, rápidos y lentos.
  3. Deberes para el próximo día: cada uno busca ruido de fondo y música para ilustrar Trafalgar Square, y lo ponemos en común el próximo día de clase.

¡Gracias por leerme y acompañarme un día más en mis aventuras de la clase de Español a través del Arte!

Fuentes:

Blotkamp, Carel: Mondrian: the Art of Destruction. London: Reaktion Books, 1993.

Cooper, H. y Spronk, R. (eds.): Mondrian: The Transatlantic Paintings. Cambridge, Mass.: Harvard Art Museums Press; New Haven, Conn., and London: Yale University Press, 2001.

Hauptman, Jodi: Picasso to Warhol: Fourteen Modern Masters. New York: Museum of Modern Art Press, 2011.

Las Saturnales

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Io, Saturnalia! Sir Lawrence Alma-Tadema, 1880 Foto

El día 17 de diciembre se celebraba la consagración del templo de Saturno en el Foro romano, y ese día se daba inicio a las festividades conocidas como Saturnales, que duraban hasta el 23 de diciembre. Muy probablemente, estas fiestas tenían su origen en la finalización de los trabajos del campo, tras la siembra de invierno, cuando las familias campesinas -esclavos incluidos- disponían de más tiempo libre para descansar.

Durante las Saturnales se invertían los roles: el amo era sirviente, y viceversa. Todo estaba permitido, y todo era derroche sin contención; se intercambiaban regalos y se permitía a los esclavos decir verdades incómodas a sus señores. En origen, los regalos que se intercambiaban los romanos eran velas de cera y pequeñas figuritas de arcilla (sigillaria). Se hacían muchas bromas con motivo del intercambio de regalos: bien conocida es la anécdota protagonizada por Catulo, que se quejó pública y jocosamente de la “insufrible colección de poesías contemporáneas” que había recibido de Licinio Calvo con motivo de las Saturnales. Catulo, genio y figura. Había también una especie de “rey del desgobierno” llamado Saturnalicius Princeps, que era elegido en cada familia o grupo de amigos y su deseo era la ley ese día: todas las personas de su entorno debían obedecer cada uno de sus caprichos.

 

Saturnalia_by_Antoine_Callet

Saturnalia, Antoine-François Callet, 1783 Foto

 

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La Primavera de Millet

Como es primavera, quería compartir con vosotros este cuadro de Millet, titulado muy apropiadamente Le printemps (La primavera), que se encuentra en el Museo de Orsay. Lo empezó a pintar en 1868 pero estuvo trabajando en él hasta 1873, dos años antes de su muerte.

El blog de Chitty | Le Printemps de Millet

Se trata de un paisaje de estilo realista pero, si os digo la verdad, ese arco iris al fondo y esa luminosidad tan especial le dan un toque de “paisaje de cuento de hadas”, en mi opinión.

Es cuadro dedicado por entero a la naturaleza pero, a pesar de todo, hay una persona ahí… fíjate… mira bien… ¿ves al campesino? Está debajo del árbol del centro, al fondo, muy al fondo. Tan al fondo, que casi no se ve. Pero es el elemento al que nos lleva el camino principal.

Era una de las pinturas favoritas de Proust. En su libro How Proust Can Change Your Life (en español: Cómo cambiar tu vida con Proust), Alain de Botton comenta que el famoso episodio de la magdalena (sí, sí, no podemos negar que todos pensamos en la magdalena cuando oímos hablar de Proust, ¿eh?) es tan evocador porque los sentidos nos transmiten mucha más información que la mente.

¿Qué estoy diciendo? 🙂

Un olor o un sabor nos hacen evocar muchas más cosas que una imagen o un pensamiento. ¿No es verdad? Eso es lo que le pasa al personaje de Proust en Du côté de chez Swan (Por el camino de Swann), el primer volumen de la gran obra À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido). Cuando moja la magdalena en el té, y le da un mordisco, le inunda una sensación de felicidad muy grande, porque ese sabor le transporta al pasado, a la infancia, cuando estaba en casa de su tía Léonie y ella le daba a probar las magdalenas que mojaba en su té.

Y dice también Alain de Botton que el verdadero genio de un pintor no está en su técnica, sino en los pequeños detalles que plasma en su obra y que pasan desapercibidos a primera vista, pero que nuestro subconsciente registra. Hay cosas que vemos sin saber que las vemos. Cuando miramos un cuadro, recibimos mucha información, más de la que nos damos cuenta. La primera vez que ponemos los ojos en una pintura es como abrir los ojos en la semi-oscuridad: al principio está todo oscuro pero, poco a poco, las pupilas se dilatan y empezamos a distinguir los contornos de las cosas, las formas, las sombras y las siluetas, incluso algún atisbo de color, todo en el juego de las luces y las sombras.

Mirar un cuadro es ir descubriendo poco a poco pequeñas cosas ocultas, discretas, que añaden significado extra a lo que vemos a primera vista. Por ejemplo, en este cuadro lo primero que veo es el camino del centro, y el árbol al fondo. Pero si sigo mirando, entonces aparece ante mis ojos el contraste entre la oscuridad de la tormenta y la luminosidad del sol sobre los campos, o la delicadeza de las pequeñas flores que crecen al lado del camino. Y entonces ya empiezo a imaginarme el olor a tierra mojada, o la frescura del aire después de la tormenta.

Y esas cosas no están en el cuadro.

¿Tú qué sensaciones tienes cuando miras esta obra? ¿Olor, tacto, sonido…? Cuéntame.

La Illeta ~ Yacimiento arqueológico de El Campello~

Todo el mundo en Alicante conoce este yacimiento bajo el nombre de “la Illeta dels Banyets”, que quiere decir “la islita de los baños”, en valenciano. Se trata de una pequeña peninsulilla en la playa rocosa de Campello, unida a la costa por un freo artificial, pero que fue natural en origen: en la Alta Edad Media, debido a la erosión marina, desapareció el istmo que unía la Illeta a la costa, y fue reconstruido de nuevo a principios de los años 40.

El blog de arte de Chitty-Illeta de Campello

Normalmente, hablamos de este yacimiento en clase cuando estamos estudiando los íberos, pero hay en él restos de ocupación humana desde la Prehistoria. Los restos más antiguos corresponden al Calcolítico (3.000 a.C.) como LA CABAÑA.

El blog de arte de Chitty- Cabaña Illeta Campello

Y como muchas veces me preguntáis en clase: “¿cómo podemos saber que los restos son de esta época?”, os diré, desde ya, que podemos saber estas cosas gracias a la ayuda del Carbono 14 (o C14): es un elemento radiactivo que se forma en la atmósfera y que está presente en todos los seres vivos del planeta. Cuando un organismo muere, el C14 empieza a descomponerse siguiendo un ritmo constante, de manera que podemos conocer la antigüedad de los restos orgánicos según la cantidad de C14 que haya perdido. Es decir, cuanto menos C14 queda, más antiguo es el organismo en cuestión.

Y sí, como habéis pensado ya, este método sólo funciona con restos orgánicos, claro. Por eso es tan difícil datar las piedras, por ejemplo, si no tienen algún tipo de organismo animal o vegetal adherido.

Volviendo a la Illeta, algunas de las estructuras que han sobrevivido al tiempo fueron construidas con piedras, barro y ramas de árboles y diversas plantas. Así que gracias a estos últimos elementos se ha podido usar el método del Carbono 14. Y por eso sabemos que una de las estructuras más famosas, la que llamamos LA CABAÑA, tiene unos 5.000 años de antigüedad. Se encuentra en la zona norte, la que está más cerca de la lengua de tierra que conecta la península con la costa. Es una estructura circular,  dentro de la cual podemos ver dos vasijas de barro que probablemente servían para guardar el cereal.

El blog de arte de Chitty | Cabaña Illeta Campello

Hay otros métodos de datación como, por ejemplo, la identificación de los materiales encontrados en los distintos niveles del suelo (los estratos), pero esto no es fiable al cien por cien, ya que se puede encontrar un material más antiguo en un estrato más moderno, por ejemplo.

Lo mejor del mundo es encontrar una moneda con su fecha puesta. 🙂

De la Edad del Bronce (2.000-1.300 a.C.) datan LA CISTERNA (estructura que sirve para almacenar agua) y LA TUMBA.

Blog de arte de Chitty | Cisterna Illeta Campello

Cisterna

Representación gráfica de la tumba

Representación gráfica de la tumba

En la parte central de la Illeta podemos ver los restos del poblado ibérico, la zona más importante del yacimiento. De esta época son los TEMPLOS, el ALMACÉN, la CASA y los LAGARES (lugares donde se pisa la uva para obtener vino). Este poblado ibérico, del s. V a.C., era con toda seguridad un importante centro de comercio para todo el Mediterráneo, así como productor de salazones y vino, como indica la presencia del almacén y los lagares. También hay restos de hornos cerámicos, en los que se fabricarían ánforas, envase ideal para el transporte marítimo de mercancías.

Como las construcciones de esta época las hemos visto con detalle en clase, no me detendré ahora aquí con ellas.

De la época romana (ss. I-II d.C.) son las piscifactorías, la villa y las termas. Las piscifactorías son, quizá, lo más conocido de la Illeta; se trata de una estructura de piedra que permite criar peces para su consumo. Aquí tenéis un breve vídeo para conocerlas mejor:

Tanto de la villa romana como de las termas sólo queda la base de la estructura, pero en el recinto de la Illeta podéis ver unos dibujos con una posible reconstrucción. Las termas, ya lo sabéis, eran unos baños públicos donde había piscinas de agua fría y de agua caliente, y salas de masaje.

Espero que hagáis muchas fotos durante vuestra visita y me las traigáis a clase.

🙂

Blakelock y Auster: de pinturas y libros

Este cuadro se llama Moonlight y fue pintado por Ralph Blakelock en 1885; se trata de un óleo sobre lienzo, de 68,7 x 81,3 cm, que actualmente se encuentra en el Museo de Brooklyn:

blakelock

Me gusta mucho este cuadro porque cada vez que lo miro veo algo diferente y fascinante… y además… ¡lo descubrí mientras leía un libro! Sí, sí, estaba leyendo una novela y de repente me topé con una de las mejores descripciones pictóricas que leído en mi vida… la de Moonlight (Luz de luna), de Ralph Albert Blakelock.

Mírala bien, y dime… ¿qué es lo que más te llama la atención? ¿Qué es lo primero que ven tus ojos?

A primera vista, parece un cuadro gris, e incluso insignificante, si no fuera por ese tremendo resplandor de la luna que ocupa la parte central del cuadro.

¿Es eso lo que ves primero, la luna? 🙂

La descripción de este cuadro la encontré en una novela de Paul Auster que se llama The Moon Palace (El Palacio de la Luna), cuyo argumento no te voy a contar porque no se puede explicar nada de esa historia sin desvelar datos importantes…

El caso es que, en su novela, Auster habla -entre otras muchas cosas- de la desdichada vida de este pintor neoyorquino, que vivió entre 1847 y 1919, y de cómo la luna se convirtió en uno de los elementos fundamentales de sus pinturas. Claro que la luna también es uno de los elementos fundamentales de la novela de Auster… pero esa es otra historia… y te he dicho que no te la iba a contar 😉

Volviendo al cuadro, ¿quieres saber lo que le llamó más la atención a Auster? Pues más que el círculo resplandeciente de la luna, lo que le fascina al escritor es que el cielo sea del mismo color que la tierra que aparece en segundo plano. Y también del mismo color que el río que divide la tierra del primer plano en dos partes.

Si te fijas bien, puedes ver que hay dos planos de tierra: en primer lugar tenemos la tierra de tono oscuro, dividida en dos por un río que queda justo debajo de la luna, y que refleja esa extraña luz del cielo. Y en segundo lugar, justo detrás de la silueta de los árboles, tenemos otra porción de tierra del mismo color que el cielo, aunque algo más oscuro.

De modo que, cuanto más miro el cuadro, más inquietante me parece… porque me da la impresión que la luna es un sol que ilumina el segundo plano como si fuera de día, dejando al primer plano en la oscuridad de la noche. Y ya no sé si es de día o de noche… como el protagonista de la novela de Auster.

Es una sensación de inquietud y preocupación similar a la que me produce El Imperio de las luces de Magritte.

Blakelock tuvo una vida difícil y triste, y acabó sus días internado en un centro psiquiátrico. Es casi una ironía que la luna dominara la mayor parte de sus cuadros, sobre todo si utilizamos el adjetivo “lunático” para describir sus paisajes…

¿Quieres ver más “paisajes lunáticos” de Blakelock?

Este también se llama Moonlight, y lo pintó un año después, en 1886; actualmente está en Washington, en la Corcoran Gallery of Art:

Blakelock-Corcoran

Aquí tampoco falta la luna, ni siquiera en el título: Brook by Moonlight (Arroyo bajo la luz de la luna); está en el Toledo Museum of Art, en Ohio:

blakelock-brookmoonlight

Este último tiene el sugerente título de Canoe in the Moonlight, y pertenece a una colección particular:

Ralph-Albert-Blakelock-Canoe-in-Moonlight

Si te ha gustado, y quieres saber más sobre la enigmática figura de Ralph Albert Blakelock, puedes visitar esta página de la Universidad de Nebraska: Blakelock.

Giotto y el cometa Halley

Giotto es el autor de los maravillosos frescos que decoran la Capilla de la Arena, construida en Padua bajo las órdenes de Enrico degli Scrovegni y consagrada a Santa María de la Caridad. Los frescos fueron pintados entre 1305 y 1306, y representan diferentes escenas de la vida de Cristo.

capilla scrovegni

Muchas veces nos hemos preguntado en clase por qué esta técnica se llama “al fresco”. Y es que no es “fresco” de frío, sino de “recién hecho”. Esta técnica consiste en los siguientes pasos: primero se cubre la pared con yeso e inmediatamente después se añaden varias capas de cal -eso se llama “revocar” la pared-. Cuando la última capa de cal está aún húmeda (“fresca”), es entonces cuando se puede pintar sobre ella (es decir, con la pared “recién revocada”). Así, cuando la cal se seca, los pigmentos de los colores se quedan integrados químicamente en la pared y por eso perduran en el tiempo.

Una de las principales características de la pintura de Giotto es que el artista sitúa casi toda la escena en primer plano, presentándola de tal forma que la mirada del espectador cae dentro de la mitad inferior del cuadro. Así, nos podemos imaginar a nosotros mismos en el mismo plano que los personajes representados, y nos sentimos más cerca de lo que está pasando en la escena, tal y como podemos ver en el siguiente fresco que representa la entrada de Jesús en Jerusalén:

Entrada de Cristo en Jerusalen de Giotto

Uno de los frescos que Giotto realizó en esta Capilla es el de la Adoración de los Reyes Magos, situado en la fila central del muro este. Es una pintura que nos gusta mucho comentar en clase, principalmente por la misteriosa historia de la Estrella de Belén:

Giotto adoracion de los reyes magos

Como bien sabemos todos, los Reyes Magos se guiaron por el brillo de la Estrella de Belén para llegar hasta el lugar donde había nacido el niño Jesús. Fíjate en la pintura de Giotto sobre estas líneas. ¿Dónde está la estrella? ¿Ves algo brillante en el cielo?

Efectivamente, sobre el pesebre donde se encuentra la Sagrada Familia hay un objeto que brilla en el cielo; pero fíjate en su forma: no es la clásica estrella, es más bien una bola de fuego con una estela luminosa. ¿Te das cuenta?

Pues bien: parece ser que Giotto vio el Cometa Halley en 1301, y se inspiró de esa imagen para pintar su personal Estrella de Belén. Este famoso cometa orbita alrededor del sol y, cada 75 años, más o menos, es visible desde nuestro planeta. ¿Es una casualidad? ¿Vio o no vio Giotto el cometa, y lo representó en esta pintura? Sea como sea, la Agencia Espacial Europea (ASE según el acrónimo en francés, y ESA en inglés) bautizó con el nombre de “GIOTTO” a la sonda espacial que lanzaron en 1986 para estudiar el cometa Halley.

Qué casualidad, ¿eh?

sonda giotto

Si quieres ver estos magníficos frescos en persona, aquí puedes encontrar información para planificar tu visita a la Capilla Scrovegni:

http://www.cappelladegliscrovegni.it/

Espero que tengas una Feliz Navidad, y encuentres tu propia Estrella en el cielo.

Los colores

Los colores que están muy cerca en el círculo cromático se llaman “armoniosos”, tal y como estableció Michel Eugène Chevreul (1786-1889) en su teoría del color.

Van Gogh, al igual que sus contemporáneos los impresionistas, comprendía muy bien este concepto de armonía. Por ejemplo, fíjate en esta preciosa gama de amarillos, que van del oro viejo más intenso al amarillo claro más brillante: es una combinación que produce una sensación de armonía y calidez inigualable:

Sin embargo, los colores que están enfrentados en el círculo cromático –los complementarios– son los que no “pegan”, es decir, su combinación produce un resultado impactante, agresivo y un tanto vulgar; es el caso de la bata del pintor del Autorretrato de Kirchner.

Mira ahora Las amapolas de Monet:

El rojo resulta asombrosamente intenso contra el fondo verde, que parece ligeramente gris. Y es que el efecto de verdor en este cuadro no se consigue mediante el uso de tonos verdes, sino de tonos grises. Qué raro, ¿verdad? Esto es porque un gris rodeado de un color tiende a adquirir el matiz del complementario de ese color. Así pues, si tenemos en cuenta que el complementario del rojo es el verde azulado… un gris rodeado de rojo aparecerá como verdoso.

Si Monet hubiera pintado el campo de verde intenso, el efecto habría sido vulgar y “chillón”, en lugar de cálido y lleno de color.

Kirchner: Autorretrato con modelo

Ernst Ludwig Kirchner fue un maestro del Expresionismo alemán, tendencia artística que nació entre 1900 y 1925, y se manifestó principalmente a través de dos grupos:

  • Die Brücke (El Puente), y
  • Der Blaue Reiter (El Jinete Azul, en homenaje a todos esos caballos azules que cabalgan por los cuadros de Kandinsky).

El Expresionismo surgió como la reacción necesaria ante una sociedad en declive, sobre todo a causa de los horrores de la Primera Guerra Mundial. Los cuadros expresionistas muestran una realidad desagradable, opresiva, con personas desfiguradas, que sufren, y expresan su angustia con la cara y con todo el cuerpo.

El término “Expresionismo” se creó en la revista Der Sturm, de Berlín; también en esta ciudad había una galería del mismo nombre, donde estos pintores exponían sus trabajos. Este es uno de los cuadros que más éxito tienen en clase:

Kirchner autorretrato con modelo

Autorretrato con modelo, h. 1910. Óleo sobre lienzo, 150,5x100cm, Kunsthalle, Hamburgo.

Normalmente, los alumnos siempre “protestáis” por la bata que lleva el pintor, en primer plano. Y después, os fijáis en la mujer que está detrás, en segundo plano. Las descripciones suelen ser parecidas: “es fea”, “no, no es fea, pero está triste”, “qué va, es horrible”… Cuando pregunto por qué no os gusta la bata, todos decís lo mismo: “por los colores”. ¿Y qué les pasa a esos colores? O, mejor dicho, ¿a la combinación de esos colores? Pues les pasa que son complementarios, y combinar este tipo de colores nunca funciona bien. Si cogemos un espectro de colores y hacemos un círculo con él, el naranja y el azul (un azul que tira a malva) se encuentran más o menos enfrentados: eso significa “ser complementarios”:

Espectro de colores complementariosLa combinación de colores complementarios tiene un resultado agresivo, y ataca un poco a la vista. Esa bata destaca tanto que no os deja ver los ojos del pintor, esos sí que son horribles… Míralos: son grandes, rasgados, mucho más grandes de lo normal, y completamente negros. Esa es una de las características del Expresionismo: la exageración o deformación de algunos elementos del cuerpo humano.

Los colores del cuerpo de la mujer tampoco están mucho “mejor”: parece que está sin terminar, los brazos están mucho más claros que las pierna, y las sombras de la cara la transforman en una especie de espectro. Y sus ojos son terriblemente tristes. Y aquí es cuando empezáis a darme hipótesis sobre lo que está pasando en el cuadro…

¿Dónde están?

¿Quién es esa mujer, por qué está posando como modelo para el pintor?

🙂

La dorada proporción

Euclides, en sus Elementos de geometría (h. 300 a.C.), escribió: “Una recta está dividida en media y extrema razón cuando la longitud de la línea total es a la de la parte mayor, como la de esta parte mayor es a la de la menor”.

Y… ¿qué quiere decir esto?

Que el todo es a la parte, como la parte al resto. O, lo que es lo mismo: que las partes tienen que guardar un equilibrio y una simetría en relación con el todo.

Y ahí está, precisamente, la base de la belleza de las cosas: la proporción.

La proporción más perfecta parece ser la “dorada”, la que se crea a partir del número Phi:

φ = 1,6180339…

Luca Pacioli, amigo del gran Leonardo da Vinci, escribió en 1509 todo un tratado sobre este número de oro, al que bautizó con el nombre de “divina proporción”. El nombre “Phi” se lo puso Mark Barr a principios del siglo XX, por ser la inicial de Fidias, el célebre arquitecto del Partenón de Atenas (la letra “f” en griego se pronuncia “fi” y se escribe φ).

Pero antes, mucho antes de todo esto, otro Leonardo (de Pisa, o Pisano) escribió en 1202 un libro titulado Liber abaci, en el que defendía la mayor utilidad de los números arábigos (1, 2, 3, 4, etc.) frente a los romanos (I, II, III, IV, etc.) ¿Y quién era este Leonardo Pisano? Quizá lo conozcas más por su sobrenombre: Fibonacci.

Ahora sí, ¿eh?

Fibonacci realizó importantes aportaciones al mundo de las matemáticas, como su famosa “Serie de Fibonacci”. Esta serie numérica es la solución al llamado “problema de los conejos”, que dice así:

“¿Cuántas parejas de conejos tendremos a fin de año si comenzamos con una pareja que produce cada mes otra pareja, que procrea a su vez a los dos meses de vida?”

Para resolver este problema, Fibonacci elaboró esta tabla:

La columna final muestra el curioso comportamiento de esta serie numérica:  cada número es el resultado de la suma de los dos anteriores. ¿A lo mejor te preguntas por qué hay dos unos? Mira: el primer número de la serie es uno, y antes de él no hay nada, luego 1 + 0 = 1. Por eso el uno se repite:

1
1+0= 1
1+1= 2
2+1= 3
3+2= 5
5+3= 8
etc.

¿Y por qué hablamos de la Serie de Fibonacci en este artículo sobre la proporción áurea? Porque los números crecen siguiendo un patrón que está muy cerca de phi. Aparte de los usos matemáticos de la Serie (en los que no entraremos aquí), estos números tienen una inquietante relación con las proporciones de las cosas. Parece ser que toda la naturaleza, todo el universo, está creado siguiendo esta base proporcional. Las hojas de los árboles, o la estructura de un copo de nieve… todo crece mediante cocientes de phi.

Vamos a ver algunos ejemplos, pero primero tenemos que construir lo que se llama un “rectángulo áureo”.  ¿Cómo se hace esto? Primero dibujamos un rectángulo cuyo lado más largo es el resultado de multiplicar el corto por 1,618.  Es decir, que la proporción entre los lados del rectángulo será phi, el número áureo:

Ahora tenemos que restar un cuadrado de la misma longitud que el lado corto, y así obtendremos otro rectángulo áureo igual al inicial:

Si hacemos lo mismo una y otra vez, obtendremos la siguiente figura:

Y ahora viene lo mejor: trazamos distintos cuadrantes de circunferencia de un radio igual al lado de cada uno de los cuadrados que hemos ido separando, con el centro en el vértice de cada uno de ellos, y ¡esto es lo que aparece!:

Bonita imagen, ¿eh? Es nada más y nada menos que una espiral, y la encontramos por todas partes en la naturaleza: en las conchas de los caracoles…

En las rosas…

En las piñas…

En los girasoles…

Hasta en las galaxias…

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